viernes, 21 de octubre de 2011 Publicado por María García Esperón Posted in

Yo tuve mi cuerpo encadenado una vez


I

Yo tuve mi cuerpo encadenado una vez

a la probabilidad de ser angosto,

escasamente enumerable y oportuno, fui de súbito

alguien que responde a las preguntas más brutales

con el recuerdo de los días dulces, esos que acontecen

lo mismo que un fulgor nos quemará en la boca.

Pensaba en las palabras asombradas

que el atardecer hacía huir con su chaqueta beige

y bajo los árboles crecía un musgo amarillento y triste,

una forma más de la pereza,

el cisne muerto de ojos devastados.

Yo siempre creí en mi propia desolación

y habitaba un mundo descompuesto, mostrándome

su sangre o su miseria y construyendo con mis manos

todavía páginas sin rencor repletas de ternura,

pero lo que fue entonces veredicto horroroso

de las noches casi bárbaras

hoy ya ha sido disuelto en el vodka taciturno

de ciertas muchachas amigas de su placer si pasa.

A menudo me digo que enfermar es hermoso.

Quiero ahora encontrar la senda que borró la bruma

de todos los lugares que amaba, el amor

hecho de pie detrás de las casonas como un susto

y al aproximarse a mí su rostro el humo lo desplazaba

a la soledad,

al desmayo de saberse ya empedernido y roto.

Mis brazos también buscaban la saciedad

para vencer las ansias de vivir al margen de la vida,

y crecí dentro de ese engaño.


(C) Luis Miguel Rabanal
Cáncer de invierno
Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
MMXI