lunes, 26 de marzo de 2012 Publicado por María García Esperón

Se oyen pasos, en la voz de Merce Mg



XIII

Se oyen pasos cerca de mi corazón que apenas si conozco.
Se oyen voces de mujer ausente que, sin siquiera palabras, me ha dicho su deseo entrecortado y soberbio.
Se oyen cantos de niño al que recuerdo haber cogido de la mano un día tenebroso, su mirada se parece a las ramas de los árboles por su meticulosa geometría y por su desaliento cálido.
Se oyen entrecortados gritos en la noche y todo es calumnia.
Se oye, cada vez más, la quietud de los muertos: esa predisposición para ser eternamente ajenos y queridos.
Siempre he especulado en que las cosas pequeñas mudan de lugar porque son tan absurdas.
La calle cerrada a los taxis, colegios en llamas que alguien por descuido ilumina al amanecer, las gaviotas tristes...
Se oyen ruidos cuya procedencia no sé, acaso son los hombres en zancos que faltaban por llegar a sostener mi vida.

(C) Luis Miguel Rabanal
Realización y voz: Merce Mg
martes, 6 de diciembre de 2011 Publicado por María García Esperón Posted in

Cerca de mí, la afonía del cuarto


XVI

Cerca de mí, la afonía del cuarto.
Exclusivamente la voz que dicta los poemas
y más tarde los destruye.

A mi espalda los libros, la media luz de quien observa
a veces sin querer, de quien me quiere.

Solos yo y esta silla boba y el frío que recorre
los miembros con cautela y un poquitín de dolor.
El engaño en apariencia se entumece, se deslíe.
Quiero apuntar aquí los actos improbables,
la temeridad del que no espera nada.


martes, 22 de noviembre de 2011 Publicado por María García Esperón Posted in

La Casa Vieja I



La melancolía sube todavía la escalera de la casa, se extiende
en comprender el murmullo irremediable del caos, se aparta
para siempre de ti de un solo abrazo, se disgusta por nada,
hasta es feroz. Quien quiera que fuese el extranjero, aquel
joven personaje que vivía sin del todo vivir, tan a sus anchas
que aún sonroja su ausencia, hoy se hace arduo equivocarlo en
una siesta que no te pertenece. Miserables, nosotros, que
sufrimos a voces la calamidad y el desánimo. Y después vienen
tormentas a entorpecer la noche, cuando uno se cree
desesperado o mudo, y pasan mujeres sin medias a tu lado y las
palabras se borran.


jueves, 10 de noviembre de 2011 Publicado por María García Esperón

Poema para leer en voz muy baja


El desamparo era un mastín que ladraba
siempre a las tres de la tarde.
No sabía aún el viajero
de la tenacidad de ciertas ortigas
que pudren las manos después del amor.
Los faroles hablan de un tiempo
que ocurrió sin más intervalo,
de escobas ardiendo en Montecorral
como un suspiro en las piérgulas de antes.
Algo pasaría en ese paraje ignoto
que ahora se cumple.
Los afiladores traen la muerte
en sus coderas de badana, los niños
ni siquiera se asoman al sol de marzo.
El viajero eres tú
y la desolación escucha tus latidos.
No, no debes volver.


(C) Luis Miguel Rabanal
Voz. María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
sábado, 5 de noviembre de 2011 Publicado por María García Esperón Posted in

La fiebre oscura y el dolor


La fiebre oscura y el dolor,
las bellas palabras de los otros
dispuestas y solemnes
sobre la colcha ardiendo.
Nada ha sucedido, la enfermera
le da a beber sin más su agua.
Ella es pertinaz y distinta.
Como la memoria.
El sueño que se entrega
después de mucho convocarlo,
el peligro en la casa
que habitó con ellos y sin ellos,
la edad no cierta
del que escucha.

C) Luis Miguel Rabanal
Mortajas
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
jueves, 27 de octubre de 2011 Publicado por María García Esperón Posted in

Alguien lo ha visto maldecir



Alguien lo ha visto maldecir
sin ninguna paciencia.
Se querría arrancar los cabellos,
abrió sus ojos
igual que el aparecido.
Se conoce que prefirió perderse
las fechas soportables
cuando más atraviesan el corazón
con su mesura.
El dulce cortejo de la dicha.
La boca que enmudece ahora
sin cesar.
-Si pudiera contarlo.

(C) Luis Miguel Rabanal
Mortajas
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
miércoles, 26 de octubre de 2011 Publicado por María García Esperón Posted in ,

Por qué no estarás aquí


POR QUÉ no estarás aquí ahora que te nombro de una forma casi que me duele, pues tantas veces nos besamos la niñez pretendiendo desórdenes tan sólo en el deambular secreto de bocas y distancias, pero, amor mío, tu nombre se oculta en las mañanas de fiebre, en las cinturas que tan bien olieron si venías de tus mejores regresos, porque la edad de las memorias se sustenta en un lugar que apenas recordamos, te vi tan niña aquella primera tarde que me dije que sobraba entonces, después te hablaba de mi historia grotesca, te encendía los ojos con hogueras frías en las sienes,

y me acostumbré a encontrarte levemente y una tarde te besé los labios porque me iba, porque me aferro a tus alturas sabiéndome cercano a algo que comienza o porque sin ti el amor no tiene surcos de dulzura ni flores en las manos ni viajes a los pechos, parecías moviéndote incansable por la casa una aparición soñada que aprendía cada poco su universo rubio, y te llamaba amor y me callabas tu mínimo orgullo de estaciones de nata, así se nos iba todo el tiempo en asaltarnos las miradas como si también nosotros fuéramos amargos y lujurias y canales que se tienden en la noche para en ella mejor descomponerse,


(C) Luis Miguel Rabanal
Rená, a solas con nosotros.
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI