Música para torpes
Luis Miguel Rabanal con esta Música para torpes nos pone en las manos un martillo y un cincel para golpear la realidad sin misericordia y esculpir y desbastar su sentido último.
Versos desde el límite que no nos dejan descansar, que nos ponen contra las cuerdas de las verdades que nos arrasan y que, sin nada de preámbulos, como el título del poema inicial, nos urgen a sangrar de las heridas que habíamos olvidado ya.
La existencia se abre paso a través de la palabra de Rabanal para dibujarnos en ella como seres de conciencia a merced de la conciencia: imposible detener la fatalidad pero posible increparla y ponerla a ella también contra sus propias y terribles, inmisericordes cuerdas. (María García Esperón)
OTRA INGRATITUD
Además no lograrías hacerle frente
a la adversidad, masticar el bistec
para ella y que suspire.
Que ya va siendo hora de recuperar el amor
con palillos, que a veces me suceden
oscuras maravillas que más vale
no escuchar, que a veces al que tú sabes
no le quedan más escrúpulos
que desvestirse y al final calderos
de agua fría por si acaso.
Pero tú no estás, o no te has atrevido
a representar con pena,
ante quien corresponda, esa manía
tan breve y tan secreta de tocar tus labios
para sellar allí diversas proporciones
de deseo.Nadie va a correr en tu defensa,
nadie hoy se acostará a tu lado,
igual que nos traen a la mente caricias
heladas que no dimos.
Y eso porque alguien se consagra
a lavar tus ojos con cautela y a retirar
tus heces sin discreción ninguna,
no quieres nombrar la rabia inmensa
de los días cuando aplazas el ronroneo
que la casa te rinde con hastío.
Pero tú no estás,
no has regresado del terrible esplendor
que dura entre tus manos como un contagio
azul, ni siquiera lo oyes cuando crees dormir
y tu carne se pudre con mágica tibieza.
Pobre estúpido, que del laberinto
atesoras los peores excesos.
(C) Luis Miguel Rabanal
Música para torpes.
Luis Miguel Rabanal
Baile de Sol Ediciones
Tenerife, 2012
Se oyen pasos, en la voz de Merce Mg
XIII
Se oyen pasos cerca de mi corazón que apenas si conozco.
Se oyen voces de mujer ausente que, sin siquiera palabras, me ha dicho su deseo entrecortado y soberbio.
Se oyen cantos de niño al que recuerdo haber cogido de la mano un día tenebroso, su mirada se parece a las ramas de los árboles por su meticulosa geometría y por su desaliento cálido.
Se oyen entrecortados gritos en la noche y todo es calumnia.
Se oye, cada vez más, la quietud de los muertos: esa predisposición para ser eternamente ajenos y queridos.
Siempre he especulado en que las cosas pequeñas mudan de lugar porque son tan absurdas.
La calle cerrada a los taxis, colegios en llamas que alguien por descuido ilumina al amanecer, las gaviotas tristes...
Se oyen ruidos cuya procedencia no sé, acaso son los hombres en zancos que faltaban por llegar a sostener mi vida.
(C) Luis Miguel Rabanal
Realización y voz: Merce Mg
martes, 6 de diciembre de 2011
Publicado por
María García Esperón
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Fantasía del cuerpo postrado
Cerca de mí, la afonía del cuarto
XVI
Cerca de mí, la afonía del cuarto.
Exclusivamente la voz que dicta los poemas
y más tarde los destruye.
A mi espalda los libros, la media luz de quien observa
a veces sin querer, de quien me quiere.
Solos yo y esta silla boba y el frío que recorre
los miembros con cautela y un poquitín de dolor.
El engaño en apariencia se entumece, se deslíe.
Quiero apuntar aquí los actos improbables,
la temeridad del que no espera nada.
La Casa Vieja I
La melancolía sube todavía la escalera de la casa, se extiende
en comprender el murmullo irremediable del caos, se aparta
para siempre de ti de un solo abrazo, se disgusta por nada,
hasta es feroz. Quien quiera que fuese el extranjero, aquel
joven personaje que vivía sin del todo vivir, tan a sus anchas
que aún sonroja su ausencia, hoy se hace arduo equivocarlo en
una siesta que no te pertenece. Miserables, nosotros, que
sufrimos a voces la calamidad y el desánimo. Y después vienen
tormentas a entorpecer la noche, cuando uno se cree
desesperado o mudo, y pasan mujeres sin medias a tu lado y las
palabras se borran.
Poema para leer en voz muy baja
El desamparo era un mastín que ladraba
siempre a las tres de la tarde.
No sabía aún el viajero
de la tenacidad de ciertas ortigas
que pudren las manos después del amor.
Los faroles hablan de un tiempo
que ocurrió sin más intervalo,
de escobas ardiendo en Montecorral
como un suspiro en las piérgulas de antes.
Algo pasaría en ese paraje ignoto
que ahora se cumple.
Los afiladores traen la muerte
en sus coderas de badana, los niños
ni siquiera se asoman al sol de marzo.
El viajero eres tú
y la desolación escucha tus latidos.
No, no debes volver.
(C) Luis Miguel Rabanal
Voz. María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
La fiebre oscura y el dolor
La fiebre oscura y el dolor,
las bellas palabras de los otros
dispuestas y solemnes
sobre la colcha ardiendo.
Nada ha sucedido, la enfermera
le da a beber sin más su agua.
Ella es pertinaz y distinta.
Como la memoria.
El sueño que se entrega
después de mucho convocarlo,
el peligro en la casa
que habitó con ellos y sin ellos,
la edad no cierta
del que escucha.
C) Luis Miguel Rabanal
Mortajas
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
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